18 ago 2026

LOS NIÑOS, EL FÚTBOL EL AMOR POR EL JUEGO: LA CARTA DE UN PAPÁ QUE EMOCIONA EN LAS REDES



 Un sueño que se sigue construyendo

Hay historias que no se miden con una copa.
Hay historias que se miden en esfuerzo, en sacrificio, en sueños y, sobre todo, en el corazón que pone cada persona para hacerlas realidad.
El Centro de Formación Malvinas Argentinas, de Corzuela, Chaco, es una de esas historias.
Una escuelita de fútbol de una localidad pequeña cómo la nuestra, que no tiene una cancha propia, que entrena en un lugar prestado, que tiene un cuerpo técnico nacido del propio grupo —porque hasta el entrenador es hermano de uno de los jugadores— y que, detrás de cada partido, tiene a un grupo de familias que hacen absolutamente todo lo posible para que sus hijos puedan cumplir sus sueños.
Para llegar a este torneo hubo que vender pollos, hacer rifas, organizar actividades y juntar peso por peso. Hubo padres que hicieron malabares con el tiempo y con el bolsillo. Hubo esfuerzo, cansancio, viajes y muchas horas de trabajo.
Y todo esto es por ellos.
Por esos chicos de la Categoría 2018, nenes de apenas 7 y 8 años que este fin de semana tuvieron la oportunidad de jugar uno de los torneos más importantes de Latinoamérica: Sueño Celeste.
Y no fueron solamente a participar.
Fueron a competir.
Jugaron, disfrutaron, dejaron todo dentro de la cancha y demostraron que el tamaño de un pueblo, el renombre de un club, el hecho de no tener una cancha propia o contar con recursos limitados no determina hasta dónde puede llegar un sueño.
Tuvieron equipo para estar entre los mejores.
Y estuvieron a un paso.

La eliminación por penales frente a Olimpia de Paraguay seguramente dejó tristeza. Porque cuando uno sabe y ve que se podía haber ganado dentro los 30 minutos duele quedar afuera de esa manera.
Pero algún día, cuando estos chicos sean grandes, probablemente no recuerden aquel penal como una derrota.
Van a recordar el viaje.
Van a recordar a sus compañeros.
Van a recordar a sus padres alentando.
Van a recordar las camisetas, los nervios, las risas, el vestuario y esa sensación de estar jugando contra equipos que alguna vez parecían imposibles de enfrentar.
Detrás de cada uno de ellos hay familias que merecen un enorme reconocimiento.
A esos papás y mamás que hicieron rifas, vendieron pollos, trabajaron, juntaron dinero y acompañaron; a quienes manejaron kilómetros para estar ahí; a quienes hicieron posible que sus hijos pudieran vivir algo que quizás ellos mismos nunca tuvieron la oportunidad de vivir.
Gracias a los que siempre colaboran porque quizás ustedes piensen que solamente estaban ayudando a pagar un viaje pero en realidad estaban financiando un sueño.
No quiero dejar pasar y reconocer a quienes sostienen este proyecto todos los días. A su entrenador, a su colaborador y a todos los que, muchas veces sin cobrar o sin contar con los recursos necesarios, siguen poniendo tiempo, esfuerzo y corazón.
Porque esto no se trata solamente de fútbol.
Se trata de enseñarles a estos chicos que los sueños se persiguen.
Que las cosas cuestan.
Que a veces se gana y otras veces se pierde.
Que se puede caer y volver a levantarse.
Y que no importa de dónde venís ni cuántos recursos tenés.
Si hay trabajo, compañerismo y alguien que crea en vos, podés llegar mucho más lejos de lo que imaginás.
Hoy Corzuela puede sentirse orgullosa.
Porque un grupo de nenes de 7 y 8 años llevó el nombre de su pueblo a uno de los torneos más importantes de Latinoamérica y lo hizo jugando de igual a igual.
Quizás esta vez no hubo podio.
Pero hubo algo mucho más importante:
hubo un sueño que se hizo realidad.
Y lo mejor de todo es que este sueño...
se sigue persiguiendo.

¡Vamos Malvinas Argentinas!
¡Vamos Corzuela!
¡A seguir soñando, a seguir jugando y a seguir creciendo!

ALEXIS OSTOJIC

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