La comunidad diocesana vivió una jornada de profunda gracia y alegría este viernes 10 de abril, con la ordenación sacerdotal de Francisco Cáceres y Agustín Chaicovsky, en una Catedral San Roque colmada de fieles que se acercaron para acompañar este momento tan significativo.
La celebración comenzó pasadas las 19 horas y fue presidida por monseñor Hugo Barbaro, quien, junto a numerosos sacerdotes, religiosas y laicos, dio marco a una ceremonia cargada de emoción y recogimiento espiritual. Desde el inicio, se percibía en el ambiente una mezcla de gratitud, esperanza y compromiso, signos visibles de una Iglesia viva que celebra el don de nuevas vocaciones.
Durante la homilía, el obispo, iluminado por el Evangelio, reflexionó sobre la grandeza del sacerdocio y la necesidad de custodiar con amor esta vocación. Enfatizó especialmente la centralidad del trato personal con Cristo, fuente y sostén de todo ministerio, recordando que solo desde esa intimidad profunda con el Señor es posible servir con fidelidad y entrega al pueblo de Dios.
El momento de la ordenación fue vivido con particular intensidad por los presentes, quienes acompañaron con oración cada gesto litúrgico, conscientes de estar participando de un acontecimiento que trasciende lo visible y se inscribe en el misterio mismo de la Iglesia. Desde la distancia muchos pudieron seguir la ceremonia a través de las redes sociales de la diócesis.
Al finalizar la celebración, en nombre de ambos ordenados, fue el padre Agustín Chaicovsky quien dirigió unas palabras de agradecimiento. Con sencillez y emoción, expresó su gratitud a Dios, a sus familias, formadores y a toda la comunidad que los acompañó en este camino vocacional.
La jornada concluyó con un fraterno ágape en el salón de la Catedral San Roque, donde los presentes pudieron compartir la alegría de este día tan especial, prolongando en la cercanía y el encuentro el espíritu de comunión vivido durante la celebración.
Así, entre abrazos, sonrisas y oraciones, la Iglesia celebró el don de dos nuevos sacerdotes, confiando en que su ministerio sea siempre reflejo del amor de Cristo y servicio generoso a su pueblo.
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